martes, 10 de marzo de 2009

Más no es mejor.

Es curioso pero siempre que nos acercamos a alguna tienda de pesca, se nos van los ojos detrás de las muestras, bien sea por sus colores, formas sinuosas e incluso el precio, ya que, cuanto más cara entendemos que deben pescar mejor. Recuerdo algún comentario que mi padre me ha hecho en ocasiones..."cuando el pescado tiene ganas de comer entra ciego"... y es que esto da que pensar.
Hace algunos días al pasar por un centro de pesca me encontré con que liquidaban algunas muestras por menos de "veinte duros", esto lo hacen o bien porque no dan resultado o simplemente porque al consumidor no le entra por el ojo. Pues bien, mi gula pescadora hizo que me quedara con algunas ya que solo las poteras valen más que lo que costaba.
Aprovechando el fin de semana, en una tarde de escándalo para navegar me decidí a echar una jornada completa de curricán, modalidad que hacía tiempo no practicaba en su totalidad, así tendría ocasión de probar los nuevos señuelos. Esta vez no me acompañó Sevi, aunque me dio su venia para que tuviera una buena jornada.
Ya en el agua, a medida que iba avanzando, la tranquilidad se apoderó de mi, y paleando suave pero constantemente me dirijí a la zona a trabajar. El mar estaba hecho un plato, sin viento y con todos los ingredientes para disfrutar de nuestra afición. Al final del arrecife, en una torre de señalización, los cormoranes se plantaban a secar sus alas, después de largas inmersiones en busca de sus presas, la curiosidad me hizo calcular el tiempo de apnea y en algunas ocasiones superaban el minuto bajo agua.

Ya cerca de la zona caliente, solté las muestras para que navegaran a su aire, y a la primera pasada ocurrió lo inesperado, mi carrete comienza a soltar linea y observo la caña por si es un enganche, pero no, pega tirones bruscos y rápidamente comienzo a trabajar la picada pero a media distancia la línea pierde tensión y el pececillo viene hacia mi sin captura alguna. Por mi boca salen maldiciones una y otra vez, pero no me queda más que volver a "seguir buscando". Pasa el tiempo y 7 kilómetros pasan en mi gps, después de una semana en la que he pasado por una bronquitis, todavía noto secuelas de la pérdida de fuerza, pero el día está tan bueno que me anima a seguir paseando.

Decido cambiar de zona pero sin suerte, así que vuelvo de nuevo a la primera y antes de pasar el carrete vuelve a canturrear, esta vez parece que está bien clavado, a lo lejos veo el chapoteo, pienso que es una baila o un robalo porque viene con la boca abierta arriba del agua. Me suelta carrete en un par de ocasiones, tiene tamaño, rezo para que no se suelte y poco a poco lo voy arrimando a mi montura. Cuando ya lo tengo cerca veo que es una hermosa baila que dió un peso de 620 gramos. Aquí la susodicha.





La sensación de subir a bordo una pieza a curricán se puede describir como una mezcla entre adrenalina y alegría juntas, se te quitan las penas, los dolores de hombros, brazos y trasero, e invita a seguir paleando con la ilusión de volver a tentar otro ejemplar. Lo mejor de todo es que la capturé con la muestra más económica que he comprado desde que practico la pesca en kayak, así que de nuevo se vuelve a confirmar la frase que más arriba comento. Seguí paleando ya hacia tierra, casi con el sol puesto y acercándome al Castillo de Hercules, comencé a deslizarme entre las rocas, cosa que nunca hago a no ser que el mar esté totalmente plano, y tomé estas fotos.

El balance de la jornada terminó con 13km recorridos, 3 horas de paleo y la baila de las fotos, además de un día maravilloso para practicar nuestra bonita afición. Bueno, espero volver a escribir pronto y compartir con vosotros mis vivencias encima del kayak. Un saludo a todos.


viernes, 13 de febrero de 2009

Triunfo

Siempre que vemos esta palabra como título de algún artículo o reportaje, nos pasa por la mente una serie de pensamientos a cual más grandioso, imaginando el premio que podremos encontrar tras esas líneas. Después de más de un mes en dique seco a causa de los grandes temporales que han azotado la península, en un pequeño rato de una tarde, me dispuse a preparar el equipamiento para lo que sería una diminuta jornada de pesca que, aunque no me reportara capturas, saciaría totalmente las ganas de usar mi montura y poder surcar el agua chocolate que me esperaba tras los últimos pasos hacia la orilla.
Un coeficiente de 106 grados, una excelente actividad y la ausencia de viento aumentaban mi ilusión de poder repetir con algunas de mis capturas de meses atrás, así que me pongo manos a la obra y en breve estoy encima del kayak dirección a un pesquero conocido. El único punto en contra es que la marea está vaciando, así que el riesgo de no capturar es alto. Por el camino monto una línea de curricán con el sueño de oír su chirrido, pero esta vez no hay suerte.
Estoy en la zona intentando fondear. La primera vez es fallida ya que me alejo demasiado de la zona, un segundo intento me deja cerca del punto marcado y rápidamente me dispongo a anzuelar la carnada. Plomo a fondo y a esperar alguna picada. Cada vez que elevo la carnada veo que está entera, me parece sorprendente ya que el fondo es de piedra y es extraño que no piquen ni siquiera las chopas. Suelto cabo de la boya rápida, desplazándome unos 15 metros para tocar otro punto de la piedra pero nada de nada. Después de una hora y media sin ninguna picada me cambio a otro punto para probar suerte pero pasada media hora abandono la sesión de fondeo y me dirijo a tierra con dos líneas de curri que tampoco me dieron ninguna sorpresa.


Pero de camino, cerca del Castillo de Sancti Petri, dejo de palear, observo, soy privilegiado, tengo el mar a mi disposición, miro a mi alrededor, el agua, las rocas, la puesta de sol, las gaviotas suenan, los cormoranes abren sus alas para secar sus plumas, la tranquilidad me traspasa, ¿Triunfo? Sí compañeros, esto es un triunfo.

viernes, 9 de enero de 2009

5 de enero 2009. La primera del año.

Días atrás han pasado de temporal y aunque el mar está todavía resentido, las ganas de sentir el deslizamiento del kayak sobre el agua salada, hacen que el frío y el mar de fondo no puedan con mi ilusión de salir a pescar con mi montura. A las 8 de la mañana estoy en la playa donde tengo prevista mi salida, y sin sorpresa alguna, observo las olas que me esperan a la entrada.
Después de montar todo el equipamiento al kayak me acerco a la orilla donde, durante unos minutos, estudio el movimiento ondulatorio antes de precipitarme y entrar en el mar ya mojado. En una pequeña pausa tiro de mi kayak y monto rápidamente, remo con todas mis fuerzas y rezo para que no me rompa una ola encima.
Con suerte puedo sortearlas y me dispongo a enfilar mi proa hacia el pesquero, no sin antes mojar una línea de curricán que no me aporta ninguna captura durante los kilómetros siguientes. Llego a la marca, el agua está fea, con muy poca visibilidad, pero eso no me impide soltar un jig y bailarlo durante algún tiempo. Después de una hora sin resultado alguno decido probar suerte en otra zona, esta vez fondeado ya que el día no está para jigear mucho. Dos veces me parte el falsete del rezón el gran mar de fondo que hay, el trajín de no estar mirando al horizonte hace que las náuseas aparezcan pronto. Por tercera vez suelto el cabo prometiendo que si se vuelve a soltar me marcho, que el día no está para pescar, pero como bien dice el dicho, "a la tercera va la vencida". Una vez bien sujeto al fondo, comienzo la suelta de cebo. Pequeñas picadas aparecen en breve, las primeras del año, subiendo a bordo mojarreo y una chopa que van devueltas por no tener el tamaño deseado. De pronto un frío me corre por la nuca, el viento aprieta y algo de neblina se apodera de mi, la costa desaparece, es la primera vez que me pasa, el no poder ver donde tengo tierra, me da algo de respeto, y ahí es donde valoro mi gps. Gracias a él, si el tiempo no mejora, puedo volver tranquilo.
Sigo concentrado en las picadas y poco a poco voy subiendo algunas piezas buenas, dos sargos gruesos con 700 y 610 gr , otros de poco menos peso, un borriquete también sube a bordo y mojarras negras de buen porte. Hoy comen muy pausadamente, el mal tiempo, el torneado de las aguas y la poca actividad imagino que tendrán que ver en todo esto.
La niebla desaparece y se va viendo la silueta de los edificios, aunque el viento aprieta otro poco, con lo cual decido irme, "ya está bien por hoy".
A la vuelta, veo mucha espuma en la orilla, mal asunto. A medida que me voy acercando pienso en la estrategia a seguir para mojarme lo menos posible, así que dirijo mi popa a tierra y doy cara a las olas remando poco a poco hacia atrás, para tener conocimiento en todo momento de la situación y no tener ninguna sorpresa. En un pequeña tregua giro 180 grados y comienzo a remar lo más rápido que puedo sin quitar la vista atrás. Logro surfear un poco una de las inevitables olas y salgo airoso de la prueba aunque con un pequeño nudo en la garganta. Al fin estoy en tierra, hoy sin duda, ha sido un día de los pocos que tengo ganas de pisarla.
Un saludo a todos.

jueves, 8 de enero de 2009

Bailando

Hola a todos, pues el viernes estuve echando un ratillo, y como la cosa tenía muy mala pinta, no pude ni enseñar mi proa al mar abierto, así que me dediqué a curricanear un poco y explorar nuevas zonas que no había tocado tan detenidamente en otras ocasiones. Había mucho viento a las 8 de la mañana, por lo que, aburrido de remar y no avanzar nada me acople en la orilla a ver que pasaba mientras desayunaba.
Suerte la mía que a la media hora el viento cambia de poniente a levante, bajando la intensidad casi a nula. Aprovechando cargué mis dos escopetas y a palear como un loco. Al poco rato unos destellos blancos a lo lejos me cantaban la presencia de pajareo por la zona y aunque lejos de mi, comencé mi avance hacia ellos. A medida que me voy acercando, gaviotas, charranes y otras aves se acoplan en el lugar formando una curiosa estampa. A mi espalda, veo que un barco se acerca, imagino que para aprovechar lo mismo que yo, así que me apresuro y en mi primera pasada triplete de bailas en las dos cañas, recojo y vuelvo a pasar, otro triplete, increíble, nunca me había pasado esto, las primeras bailas que cojo y encima de tres en tres, vuelvo de nuevo y dos en una caña y una en la otra. Que alegría me entra por el cuerpo. Pero como todo lo buen se acaba, el listo de la embarcación pasa justo por el centro de la pajarera y comienzan a dispersarse. Doy varias pasadas por la zona pero ya no hay forma, se ve que el ruido del motor ha asustado al bolo y se ha ido. En total una docena de bailas, las primeras de la temporada.
Un saludo.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Salida 8 de diciembre 2008

Hola a todos. Ayer quedé con mi amigo Sevi para echar un rato fondeado. A las 7:30 estábamos allí nosotros, la oscuridad y la lluvia que nos acompañaba mientras preparábamos los bártulos para comenzar la jornada.
Una vez asomamos la nariz por la playa os dimos cuenta que hoy iba a ser un día "especial". De momento las olas que nos aguardaban en la orilla no eran del todo pequeñas, así que tuvimos que planear un ataque con sumo cuidado si no queríamos empezar la jornada mojados.

Con suerte pudimos aprovechar un hueco y colarnos entre unas series para posteriormente llegar al pesquero. El mar de fondo daba la nota en la orilla para dejarnos pasar a un mar abierto no tan "movido".
Tranquilamente comenzamos a remar haciendo un poco de curricán sin suerte por ninguna de las dos partes. Se veía actividad a media agua y por encima se asomaban de vez en cuando ondas provocadas por peces que irían buscando un poco de oxigeno. Llegamos a la zona y nos fondeamos juntos a mi boya, preparamos los aparejos y comenzamos la jornada de pesca. Al poco tiempo Sevi empezó a notar nauseas provocadas por el meneito que había y en breve...vomitó , así que no pudo disfrutar mucho. Las picadas eran escasas y tampoco pudo olvidarse mucho del mareo.
Al final terminamos por cambiarnos de sitio y al cambio de marea empezó a cambiar la cosa. De pronto, Sevi nota una picada que le mete el puntero de la caña en el agua, una cosa muy extraña, no tiraba con nervio, no le soltaba carrete pero tampoco le daba tregua, es como si hubiera enganchado, pero a medida que pasaba el tiempo nos dábamos cuenta de que era un pez. Tras algunos minutos de lucha, de repente es como si se fuera la tensión y comienza a recoger lentamente. Cuando está arriba nos damos cuenta de que trae el aparejo que tiene al vivo echado en la otra caña, una cosa muy extraña. Nos quedamos con las caras, yo de tonto y Sevi de fatiga mareosa mirándonos y no dando crédito a lo que vivimos en esos momentos. Tengo el video, cuando lo prepare lo pongo y a ver que opináis. Después de un rato Sevi decidió irse a palear un rato para ver si se le pasaba haciendo curri. Le dejé un plomo para que lo utilizara de profundizador y así poder tocar un poco más abajo. Yo me quedé donde mismo y comencé a notar algunas picadas y aunque muy breves, salían algunas piezas de tamaño. A los 20 minutos veo que Sevi viene de vuelta y cuando está a unos 300 metros empiezo a notar unas picadas que no son normales. Muy flojitas y sin nervio, así que me concentro al máximo y en una de ellas...ZASSS! Mi caña se dobla como nunca estando fondeada, el carrete suelta hilo y me pregunto que narices está debajo de la línea. Me sorprende ver que mi bajo del 35 aguanta unas embestidas así de fuertes y no me lo creo cuando veo aparecer un lomo rosa de las profundidades. Si señor, mi mayor pieza capturada fondeado, lo acerco al kayak y vuelve a arremeter alejándose un poco, pero menos mal que tengo el carrete un poco suelto para amortiguar el tirón. De nuevo viene hacia mi y lo pongo encima mía, un maravilloso bocinegro de 1,230 gramos. Increíble, una pasada la sensación de levantar un pez así con el bajo que llevaba. Un subidón de adrenalina sin duda alguna. Cuando lo despesco me doy cuenta de que me ha entrado al anzuelo de arriba y he perdido los de abajo y el plomo, curioso pero cierto.
Sevi se acerca con paladas lentas y me comenta que tira para tierra, que no puede más con su cuerpo, así que decidimos dar por finalizado el día de pesca. Mientras se va, yo recojo los aparejos, el rezón y me voy tras de él. En la orilla nos espera una nueva aventura, que con suerte no nos castiga mojándonos.


Un saludo a todos.