Ya llevaba mucho tiempo queriendo disfrutar de ese paraje natural como es la Bahía de Cádiz. Hoy(ya hace casi un mes), después de varios días de planeo mirando mareas, vientos y demás, por fin tuve la oportunidad de llevar mi Hobie a esas latitudes. Uno de los hándicaps era por donde echarme al agua. Tenía dos opciones, por el Club Deportivo de Pesca Santibañez, o por la rampa del Club del Puente Hierro, fue por éste último por el que me decidí.

No por nada, sino por no estar pendiente tanto de las mareas y que, aunque se paguen 3 euros por usarla, también es más cómodo porque tienes agua para enjuagar el kayak después de la jornada y no llenas nada, ni de arena ni de barro (si es que me estoy volviendo muy pijo yo…).

Pues bien, llegando sobre las 10 de la mañana, allí estaban Pescador y su amigo Antonio, ya que es allí donde tiene el barco este amigo de mi padre. Poco a poco, y mientras montaba el “artilugio” fueron llegando compañeros del club para curiosear ante el aparato tan “preparado”.
Ya en la rampa monté en mi burro y a navegar. Viento del noroeste 14 nudos para disfrutar de la vela. Pero antes observé en los pantalanes algo que me llamó la atención. Una embarcación llamada “Eva” me llenó de recuerdos, y es que ese barco era de mi abuelo, “El Chino” como lo llamaban todos. Lo tenía a medias con su compadre. Todavía me acuerdo cuando me traía caballitos de mar de la bahía. Vaya sorpresa me llevé, pues yo pensaba que ese barco ya ni existía y allí estaba para recordarme mi infancia.
Comencé a navegar haciendo continuos virajes, pues el viento así lo precisaba, y poco a poco fui adentrándome en el caño. A mi derecha al fondo observé 4 mástiles que me sonaban de algo, El Juan Sebastián El Cano estaba en dique para reparar uno de sus palos.

Impresiona verlo desde el ras de agua. Justo en frente, a mi izquierda, de nuevo los recuerdos de la niñez me volvieron a tocar, “El Caño 18”. Allí me crié yo pescando a corchuela con mi padre y mi madre. Hacía muchos años que no veía aquel paraje, pues aparte de que es una zona militar de acceso restringido, al verlo desde el otro lado me impresionó bastante. Había unos muelles desde donde pescábamos, que ahora están más derruidos que antes. Recuerdo como las zapatillonas tiraban del corcho de una forma muy peculiar, cuando veías que el corcho se hundía de lado, decíamos ¡¡¡Zapatilla!!! Y efectivamente, si lograbas sacarla sin una rotura, allí venían.

Tiempos en los que se llenaban los macutos de lona y donde las espuertas de camarones eran fáciles de sacar de cualquier caño. Sargos, robalos y zapatillas eran lo que más sacábamos.
Bueno, seguimos navegando y de ese mismo caño me aparecen unas pocas de zodiacs negras, todas dando caña que parecía que me iban a abordar, juer macho, que operativo…. En fin, a gastar gasolina….

Seguí en busca de Bahía abierta y poco a poco fui adentrándome en ella buscando alguna pajarera o algo donde echar el señuelo. De camino, una de mis cañas iba curricaneando . En este sitio hay que tener especial cuidado con los señuelos, no por nada, sino porque se ensucian de algas cada dos por tres y cada 200 o 300 metros hay que estar mirando a ver como están.
Pues bien, si alguien dice que las lubinas no corren jeje (ver vídeo).
Me entró a 7 nudos, es decir, casi 14 km/h. Me llevé una sorpresa, pues prácticamente iba a navegar, sé de buena tinta (no Mosh?) que por aquí hacer curricán es complicado. Pero bueno, ahí está el tío, mi primera lubina de la temporada.
Bueno pues como el agua se estaba poniendo fea decidí volver al punto de partida y poco a poco fui de vuelta, eso sí, con la lubina a bordo, pues se la iba a comer Pescador, que el pobre con los males no puede ir a pescar, así que para su disfrute gastronómico.
Antes de llegar, vi a Ray en La Carraca, se asomó a saludar y al poco seguí la marcha hacia la rampa. Allí, recogí todo, le di la lubina a Pescador y para casita. Otra jornada más, corta pero intensa. No estuve más tiempo debido a que el mástil de mi vela me dio problemas por la zona del carrete enrollador, se despegó y se deslizaba hacia arriba debido a la tirantez de la vela. Todo se traducía en que la acción pliegue/despliegue de la vela no se hacía correctamente y no deslizaba bien. Un simple problemilla con fácil solución, limpieza de la zona, una buena ración de pegamento epoxi y una abrazadera para evitar posibles movimientos de la zona.
En las semanas posteriores he salido en alguna ocasión, no con mucha suerte, más que nada a probar la vela para ver como iba, perfecta, de momento. Han salido algunas lubinas pequeñas devueltas al agua.

También he tenido la suerte de practicar un poco de jigging en uno de mis días libres, y si bien no entraba el pescado grande, sí lo hacían las jurelas y caballas que se veían de vez en cuando por la sonda, de un tamaño muy bueno, perfectas para uno de los guisos que se curra mi mujer. Ese día se pusieron a tono y me llevé algunas para mi disfrute personal. Dos de las caballas que cogí son las más grandes que he cogido en esta temporada, y eso que ya no es el tiempo, en fin, la estacionalidad de las especies se está volviendo un poco loca.

Otra parte del vídeo consta de un día en el que salí y hacía un día perfecto (hasta que saltó el levante). De todas formas lo pasé bien navegando y viendo que tal se comporta el Hobie con este viento tan porculero. Sobre las 9 salí al agua, estaba plato y se olía lo que iba a saltar más tarde. De camino, un par de cormoranes se daban el lote junto al Castillo.

Durante la jornada salieron algunas bailas, pero todas fueron devueltas. Sobre las 11 entró el viento y pude disfrutar de sus primeras brisas moderadas, para luego pelear un poco con el caballo desbocado. Llegué a tocar casi los 10 nudos ya en el caño. Una verdadera pasada. Ya en tierra, observando esta foto parece que no había ni viento.

Y bueno, ya no os puedo contar más, he tenido la suerte de disfrutar de algunas jornadas algo más constantes, aprovechando algunos días libres que he tenido.A ver si el fin de año se porta bien. Aquí tenéis el vídeo.
Un abrazo.